23 de julio de 2015

se siente se siente erico esta presente

se siente se siente erico esta presente. ¡Se siente, se siente, Erico está presente!

por
Agustina Suarez

Para huir de los dirigentes, se vino en barco desde Paraguay hasta Rosario y de allí un tren a la ciudad. Su historia es tan maravillosa que Arsenio llegó un jueves y debutó el domingo, más precisamente el 6 de mayo de 1934, ya con 19 años. El partido era ante Boca, nada más y nada menos. Fue un empate por 2-2 y, aunque no le tocó convertir, los festejos llegarían pronto. Una semana después, ante Chacarita, convirtió dos para el “Rojo”, quien ganó 3-1. Nadie se imaginó que esos serían los primeros de cientos. En 1937, fue el máximo goleador del campeonato con ¡48 goles en 34 partidos! El conjunto de Avellaneda estuvo a un paso de ser campeón, pero el “Xeneize” celebró, con tan solo un punto de diferencia. Sin embargo, un año después, Independiente levantó la primera copa, en la era profesional, y Erico fue el mejor anotador, nuevamente, con 43 tantos en 30 partidos. A medida que el futbolista crecía, lo hacía el club. De esta manera, se consiguió el bicampeonato y, por tercer año consecutivo, fue el que más goles hizo (esta vez 41). Las estadísticas estaban a favor del equipo: 66 partidos jugados, 52 ganados, 5 empatados y 9 perdidos. El mundo se alegraba de verlos jugar. ¿El mundo? Sí, porque ese plantel fue considerado uno de los mejores de la historia. El mismo Alfredo Di Stefano, en una entrevista concedida a “Última hora”, en 2008, tuvo unas bellas palabras para Arsenio: “Erico es diferente a todos, a todo lo que vi. Un jugador notable. Todo lo que engloban, sin exagerar, las cinco letras de la palabra crack. Para mí, un malabarista de circo, un artista. Perdón, un gran artista”. Muchos sobrenombres habían surgido, tales como “Saltarín Rojo”, “Duende Rojo”, “Diablo Saltarín”, entre tantos otros. Todos estaban fascinados con el delantero y él no defraudó. Es que no sólo fue máximo goleador durante varios campeonatos, sino que se convirtió en el máximo de la historia del fútbol argentino. Con 295 tantos (tenía 293 y, en 2011, le reconocieron dos más) se convirtió en leyenda y uno de los jugadores más importantes en el fútbol sudamericano. Entre idas y vueltas, en 1942, regresó a Paraguay y volvió a Nacional pero disputó un solo encuentro. Retornó a Avellaneda y su último grito fue ante Huracán, en 1946, donde el “Rojo” ganó 4-3. Justamente fue vendido a esa institución, al año siguiente, pero rescindió su contrato, meses después. No marcó ningún gol allí, por lo que todos sus festejos fueron en Independiente. En 1949, retornó al club que lo vio nacer y, en su primer partido, convirtió tres goles. En ese período, decidió retirarse e iba alternando su etapa de deportista con la de entrenador. Nacional logró el subcampeonato, detrás de Guaraní. Sus últimos años los pasó en Argentina, con su pierna izquierda muy maltrecha. Más de una vez expresó que su dolor era producto de tantas patadas que había recibido a lo largo de su carrera. El 23 de julio de 1977, tuvieron que amputársela. Sin embargo, no resistió y esa misma noche falleció. Arsenio Erico es recordado, no sólo por nuestros hinchas, sino por todos los que admiran el buen fútbol. Es probable que nadie pueda superar su récord y, a cada año que pase, su leyenda aumentará. Y, como ocurrió en el día posterior a su muerte, en el 2-1 de Independiente ante River, se puede oír: ¡Se siente, se siente, Erico está presente!
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