En la segunda mitad el equipo dirigido por Pedro Troglio salió mucho más retrasado de lo que ya estaba, y se dedicó a revolear la pelota. Por lo tanto, los mediocampistas centrales rojos tuvieron más libertad para hacer mover la pelota, y los ataques cambiaron. Pero igualmente Independiente no generó demasiado peligro. Primero por la falta de precisión de los jugadores para conectar varios pases seguidos, cosa extraña en el equipo, y segundo porque siempre había más jugadores de Gimnasia que del local para marcar. Se notó mucho la falta en ataque de los laterales que no pasaron a posiciones ofensivas nunca y por lo tanto no se podía generar desequilibrio por las bandas. De tal forma, muchas jugadas terminaban en fáciles centros frontales para los centrales de La Plata que rechazaban con comodidad.
Quizás viendo que el equipo no encontraba la manija del partido y tiraba dichos centros, el “extratrerreste” decidió mandar a la cancha a Graciani, Valencia y Aquino. Los que salieron fueron Benítez, de los mejores jugadores del partido, Albertengo y Pisano. Sin duda fueron cambios raros, ya que por ejemplo, el ex-Rosario Central es un jugador que demuestra lo mejor cuando tiene espacios para correr en alguna contra, y acá en espacios reducidos se notó que le cuesta dominar la pelota. Graciani se encontró muy solo por el costado derecho y a Aquino se lo notó apurado e impreciso. Por eso, luego de estas variantes, Independiente terminó de firmar el empate ante un rival que lo mejor que hacía era hacer tiempo.
El equipo de Almirón jugó, sin dudas, el peor partido del campeonato. Se notó mucho, más que otros partidos, la falta de Mancuello, un jugador que le da verticalidad, empuje y valentía al ataque. Y una vez más, debe aprender a estar más atento y concentrado luego de ponerse en ventaja, porque de esta manera, van a ser muchos más los puntos que se pierdan que los que se ganen.