la recuperacion

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La recuperación

Por: Eugenia Ferreras
11 de junio de 2015

Cuando sufrís cualquier tipo de ataque, siempre quedás sensible durante un tiempo, hasta que te recuperás. No es necesario ir a un extremo, en cosas (lamentablemente) cotidianas también. Un robo en la calle, ponele. Cuando te sacan el celular. Quedás paranoico unos días, vas por la vereda apretando la cartera y si te habla un desconocido para preguntarte una dirección, te atajás por las dudas. Así hasta que de a poco, semanas después, volvés despacio a ser un peatón normal. No lo controlás, pero se da solo. Llega un momento en que ni te acordás de que hay razones para tener miedo. Pasa con todo. Cuando alguien te hace mal, cuando fracasás, cuando te decepcionás. Tardás, pero te recuperás. El cuerpo y la cabeza saben. Hoy se cumple un año de que volví a respirar. Y si no me lo decían, no me lo acordaba. Porque prefiero no volver ahí. Pero también porque mi cuerpo y mi cabeza tuvieron su recuperación. Nadie se sintió normal, nadie se portó normal, después del ascenso. Digamoslo: ascenso. Nadie estaba tranquilo durante ese primer Torneo de Transición. Mi recuperación, por ejemplo, pasó por cambiar sensiblemente de actitud. Cuestionarme esa EXIGENCIA, mala palabra, tan del hincha de Independiente, que sólo había hecho que el golpe doliera más. La empecé a rechazar casi con miedo. Me dije un montón y le dije un montón a todo el mundo, que no podía vivir de lo que me habían contado y que otros habían visto, si el Independiente que yo estaba viendo era uno que venía de la B. DIgamoslo: la B. Que reclamar no me servía. Que "nos estamos haciendo de nuevo", que "hay que saber esperar", que "es lo que nos toca". Y estaba bien, era lo que había que hacer. Me convertí en lo que siempre me molestó de otros clubes, por voluntad propia. Eso de alardear el estar en las malas. Y no reniego de eso. Me di cuenta de que esa forma de ser es más parecida a lo que uno es en la vida. Lo aprendí. Todos, los hinchas de Independiente también, saben que esa es una actitud sana. Que cuando en la vida te roban el celular, o te hacen mal, o fracasás, o te decepcionás, es necesario decir "Dale, va a estar todo bien. Yo estoy acá. Ya va a pasar". Por eso hoy, un año después de todo eso y un día después de que firmara un nuevo DT, puedo decir, más tranquila, menos dolida y muchísimo menos sensible, que tengo ganas de recuperar, un poco, la exigencia. Pero no de forma radical, ansiosa, o frenética, sino como la logro ver ahora, después de todo un año de rechazarla, perderla, mirarla de lejos y entonces: entenderla y desestigmatizarla. La exigencia es una forma más de esperanza, que pide que las cosas sean como deberían ser. Uno se recupera de los golpes, de las decepciones y del fracaso. Pero uno también desea que ojalá no existieran golpes, ni decepciones, ni fracasos de los que recuperarnos. Fue importante el año que pasó. Todo entero, con sus doce meses y sus dos torneos. Más necesario que el tiempo en que jugamos el ascenso. Porque ese fue un año de ansiedad, éste fue un año de recuperación. De volver a elegir las cosas.
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